
Dicen los que saben que las mejores canciones son las que salen de una sola vez, bien rápido y fácil. No sé si es así, pero lo que sí es seguro es lo reconfortante que resulta para el que compone. Cinco, diez, quince minutos de trabajo y uno ya tiene la letra, la melodía y los acordes, además de eso ya se imagina como se grabará: que hará el bajo, que hará la batería, donde pondrá los coros.
Estaba yo sentado con una guitarra frente a la computadora de casa, y empecé tirando un acorde de sol y se vino toda la letra de golpe a la cabeza. Yo no la escribí, lo juro, vino sola. Hay partes que ni siquiera sé que significan, alguien me estaba dirigiendo y yo sólo escribía lo que me dictaban. Escribía y cantaba. Los acordes son muy sencillos, debido creo yo a tratar de no perder la espontaneidad (keep the momentum). En diez minutos una canción nueva había nacido.
Hay una canción de McCartney llamada The song we were singing y creo que en el momento que estaba componiendo se me vino a la cabeza. No en su forma melódica sino en la temática
“but we always came back to the song we were singing, at any particular time...”
Tomé prestada la idea de volver a cantar una canción como metáfora acerca de volver a las raíces de cada uno. El "tengo tanto para contarte" del estribillo compitió para ser el título de la canción y terminó siendo el título del disco. Creo que representa bien el espíritu de todo el proyecto.
La grabación fue también realizada a toda velocidad para mis estándares. Habiendo grabado la base rítmica, agregué el bajo, las guitarras acústicas y eléctricas, el teclado, las voces y coros, los chicken eggs (los huevitos que hacen shshshhshsh, se entiende no?...no?) y la pandereta entre el desayuno del sábado y las facturas del domingo a la tarde.
Ocurrió un hecho fortuito durante la grabación: ya había grabado el bajo, con la base que se escucha en la primera estrofa: una bajada de tonos desde la tónica (La) hasta llegar al V grado. Al momento de grabar las voces y los coros decidí mutear la pista de bajo, es decir, al cantar lo único que escucharía como referencia eran las guitarras en el acorde infinitamente largo de La. Eso hizo que la canción suene diferente y que se me ocurrieran los coros que acompañan algunas frases (lo que cuenta... ; no importa..). Al momento de volver a insertar el bajo en la mezcla, me dí cuenta que había notas prohibidas que chocaban con los nuevos coros, así que de vuelta a grabar el bajo, cambiando la base y finalmente obtuve lo que quería. Hace poco, leyendo un libro robado de armonía musical descubrí que lo que yo escuchaba como una cosa horripilante el autor lo describió como un “harsh sound” o sonido discordante de novena bemol, y también lo identificaba como algo poco agradable: es una patada en los chicken eggs, digamos, y afirmando categóricamente podemos establecer que:
LA NOVENA BEMOL NO SIRVE PARA NADA
Seguro que en Jazz se usa, pero que saben esos...
Un recurso que escuché mucho en Teenage Fan Club es el de dejar rengo algún compás. Eso es lo que sucede con los golpes de la batería sobre las frases “se hacían mejor” y “me hacen feliz”. En vez de golpear 4 veces golpea 3 veces.
En la música, como regla general, menos es más.
Estaba yo sentado con una guitarra frente a la computadora de casa, y empecé tirando un acorde de sol y se vino toda la letra de golpe a la cabeza. Yo no la escribí, lo juro, vino sola. Hay partes que ni siquiera sé que significan, alguien me estaba dirigiendo y yo sólo escribía lo que me dictaban. Escribía y cantaba. Los acordes son muy sencillos, debido creo yo a tratar de no perder la espontaneidad (keep the momentum). En diez minutos una canción nueva había nacido.
Hay una canción de McCartney llamada The song we were singing y creo que en el momento que estaba componiendo se me vino a la cabeza. No en su forma melódica sino en la temática
“but we always came back to the song we were singing, at any particular time...”
Tomé prestada la idea de volver a cantar una canción como metáfora acerca de volver a las raíces de cada uno. El "tengo tanto para contarte" del estribillo compitió para ser el título de la canción y terminó siendo el título del disco. Creo que representa bien el espíritu de todo el proyecto.
La grabación fue también realizada a toda velocidad para mis estándares. Habiendo grabado la base rítmica, agregué el bajo, las guitarras acústicas y eléctricas, el teclado, las voces y coros, los chicken eggs (los huevitos que hacen shshshhshsh, se entiende no?...no?) y la pandereta entre el desayuno del sábado y las facturas del domingo a la tarde.
Ocurrió un hecho fortuito durante la grabación: ya había grabado el bajo, con la base que se escucha en la primera estrofa: una bajada de tonos desde la tónica (La) hasta llegar al V grado. Al momento de grabar las voces y los coros decidí mutear la pista de bajo, es decir, al cantar lo único que escucharía como referencia eran las guitarras en el acorde infinitamente largo de La. Eso hizo que la canción suene diferente y que se me ocurrieran los coros que acompañan algunas frases (lo que cuenta... ; no importa..). Al momento de volver a insertar el bajo en la mezcla, me dí cuenta que había notas prohibidas que chocaban con los nuevos coros, así que de vuelta a grabar el bajo, cambiando la base y finalmente obtuve lo que quería. Hace poco, leyendo un libro robado de armonía musical descubrí que lo que yo escuchaba como una cosa horripilante el autor lo describió como un “harsh sound” o sonido discordante de novena bemol, y también lo identificaba como algo poco agradable: es una patada en los chicken eggs, digamos, y afirmando categóricamente podemos establecer que:
LA NOVENA BEMOL NO SIRVE PARA NADA
Seguro que en Jazz se usa, pero que saben esos...
Un recurso que escuché mucho en Teenage Fan Club es el de dejar rengo algún compás. Eso es lo que sucede con los golpes de la batería sobre las frases “se hacían mejor” y “me hacen feliz”. En vez de golpear 4 veces golpea 3 veces.
En la música, como regla general, menos es más.
A la derecha Play y se escuchará como por arte de magia La misma canción

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